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domingo, 20 de mayo de 2018
sábado, 12 de mayo de 2018
domingo, 6 de mayo de 2018
Conversando con mamá
Éramos una familia muy pequeña,
mis padres y dos hijas. Hoy vivimos mi madre y yo en Santiago y mi hermana hace
treinta años en Canadá. Soy la mayor, regalona de mi padre, con mi mamá he
tenido momentos buenos y otros mejor olvidar. Me costo mucho entender su forma
de ser, somos tan diferentes, quizás sea la dura vida que le toco vivir. En un
tiempo llegue a pensar que era mejor no hablar más con ella y olvidarme que tenía
una madre, pensaba que era lo mejor para ambas, nos hacíamos daño pues ante
cualquier ataque yo reaccionaba y todo terminaba en lo mismo, fueron años.
Pero, hace alguno tiempo tuve una
depresión, para superarla me realice una psicoterapia, donde tocamos distintos
temas y llegamos al conflicto que tenia con mi mamá. Una vez que termino el
proceso, tenia claro que si o si debía tomar una decisión por el bien de las
dos, sin yo decir nada mi madre se dio cuenta que algo había cambiado. Comencé
a notar también un cambio en ella, cuando llegábamos a un conflicto, ambos tomábamos
posiciones conciliatorias y no perdíamos el tiempo discutiendo, desde ese
momento ha sido muy grato compartir.
Cuando la visito conversamos como
grandes amigas, eso no quiere decir que no tengamos diferencias, pero tratamos
de superarlas. Hay días que yo hablo de todo y ella me escucha y otras lo hace
ella, tiene cada historia, algunas alegres y otras que me provocan llorar.
Ayer hablamos del reproche,
me contaba la historia que ella tuvo con su madre, del abandono que ella hizo
con sus dos hijos mayores, de como ella sufrió siendo niña y de que muchas
veces necesito del amor y la protección de ella. Pero a pesar de todo mi madre se siente
afortunada por que estuvo rodeada de personas en que cierto modo la cuidaron y
evitaron que ella viviera malas experiencias, claro que tuvo un costo, pues
desde los 8 años fue empleada haciendo labores que no eran de una niña.
Después de muchos años fue en
busca de su madre, una mujer ya anciana, cuando mi madre la vio no pudo hablar,
la emoción de verla no le dio cabida a los reproches y a la búsqueda de
respuesta, sintió que solo tenia que disfrutarla, sin embargo cuando llego la
hora de la despedida aquella anciana se arrodillo ante mi madre y le pidió perdón,
le agradeció la bondad con la cual la trato. Mi madre dice que solo le dio un
gran abrazo que duro un largo tiempo, sintió que cada parte de su cuerpo se reconciliaba
con ella y con su madre.
Ahora solo espero tener tiempo
para seguir escuchando a mi madre y disfrutar de sus historias y vivencias,
ella hoy tiene 85 años. Doy gracias a Dios por haberme dado la oportunidad
desde hace trece años de reencontrarnos como madre he hija.
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